
El madridismo de a pie se sobresaltó de un golpe el lunes cuando vio que Raúl y Guti, sus chicos, dejaban a la vez el club de sus amores. Así, de un solo golpe. Miraban a la plantilla y apenas veían a productos de la cantera que se supieran de memoria la historia del club. ¿Quién va a seguir con nuestro legado?, se preguntaban en los bares más castizos de la capital.
En la despedida de Raúl un periodista sacó el tema y le preguntó quién iba a ser su sucesor en el vestuario. El siguiente eslabón de los Amancio, Pirri, Butragueño, Sanchís, Hierro… El guardián del toque ‘chulapo’ del Real Madrid, de su identidad. Y qué mejor defensor de la causa merengue que un buen portero, pensó Raúl. “Iker tiene contrato hasta 2017″, se apresuró a apuntar el mítico ’7′ del Real Madrid. “Estará él y vendrán otros”, añadió.
De pronto, los aficionados más apasionados se soltaron la mano del corazón y recobraron la respiración. “Uf, menos mal, Iker es uno de los nuestros”, aseveraron mientras retomaban la partida de cartas.
Iker profesa la misma rama de la religión madridista que Raúl, la más ortodoxa. “Todo el mundo sabe que soy madridista de corazón, blanco hasta la muerte. Llegué al Real Madrid de niño y el Madrid es mi casa”, dijo el verano pasado cuando se especuló sobre su posible salida al Manchester United. “Yo soy de España y del Madrid, y punto. Lo tengo más claro que el agua desde hace muchos años”, añadió.
Casillas firmó una especie de contrato vitalicio con el Real Madrid en 2008, en plena ‘era Calderón’. En 2017, cuando expira, contará con 36 años, una edad que para los porteros no entraña tantas dificultades como para el resto de futbolistas.

